FIORELLA A. PARAGUAIMA S.

Nació el 01 de diciembre de 1994 en Tucupita, estado Delta Amacuro, Venezuela. A los diez años de edad empezó a explorar el mundo de la literatura para involucrarse en ella, por completo, a la edad de doce años.

Actualmente, reside en Mérida donde cursa estudios de Derecho en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad de Los Andes.

Fue colaboradora del papel literario “Pezdeplata", encartado en el periódico Extra de Monagas, de la ciudad de Maturín. Es miembro de la fundación cultural Fundaurimare.

Primera Mención Honorífica (categoría poesia), por el poemario "Palabras y Olvidos" en el Concurso de Cuento, Ensayo y Poesía 2015, DIGECEX -ULA. Ganadora del I Concurso de Ensayos Pensando en Venezuela de la IFEDEC (12 de Febrero de 2011). Obtuvo el 4to lugar en el I Concurso de Pintura Infantil referido a “LA TUCUPITA QUE QUEREMOS” (Junio de 2005). Cuenta con una publicación en la antología Magía Literaria III para niños y niñas (Mérida, Editorial La Escarcha Azul FUNDALEA / Centro Nacional del Libro CENAL, 2007).

     
     

CONTACTO:
yofiorea@gmail.com

   

Del poemario Palabras y Olvidos
2015

 

Ser


Ir a un lugar interno donde no haya que maquillarse, donde pueda andar todo el día descalza, escalar montañas, subir azoteas, observar papagayos.
Exclamar improperios y regresar a la calma. No fastidiarse del hacer, de los contextos. Vivir sin tener que buscar, en los cajones, retazos de lo que quedó en la memoria. 

 

Palabras y olvidos


¡Vayamos –le dice– entremos a un bar a esquilar nuestras pretensiones! Que no quede huérfana ninguna palabra sin decir. Es bueno advertir el vacío de la copa para un espacio nutrido.
Vamos a procurar la psicosis en la cena, para que se apacigüen nuestras ansias y podamos sumergirnos en mentiras que no perturben.
La idea es acudir al olvido para alivianar la guerra. Así cada uno obtendrá la necesidad de repeler el fantasma del otro. 

 

En la distancia


Quedarse en la distancia, si se quiere, para vigilar la silueta y cabellos entretejidos, para que no se suprima de la memoria esta forma de recibir la mirada, ni los abrazos en los que se suele dejar el cuerpo para alinearse en la unidad. Permanecer vigilante, ver extenderse las ramas, forjarse alrededor abundantes arbustos y profundos ríos; eternas auroras adormecidas en manos empuñadas. Mantener lo inseparable en la lejanía, hallar conversión en la fugacidad de una estrella.

 

Recomenzar

 

Se cierran las cortinas del teatro. Los empleados tienen la tarea de apagar las luces y recoger las sillas. La gente ya vio lo que tenía que ver. Poco a poco se va quedando un vacío de besos en las manos. Queda esperar las sensaciones en la profundidad de la noche, beber el licor de la quietud y entonces sí elaborar un nuevo inventario.

 
***
 
A mi hermana
que durante nuestra infancia
hicimos de la casa nuestro parque y del techado
un cielo mágico.
 
     



ECLIPSE

Un estrellita se abalanza, juega, guiña.
Todo es oscuro, azul.
A su alrededor
miles como ella.
Se siente sola, perdida.
Viaja sin dirección, sentido y despacio.
**
Una estrellita se abalanza, juega, clama.
¡Asombro¡
Él la acompaña.
Suspira feliz, sabe que existe.
No hay angustia, vivir es perfecto.
Siempre más allá,
bohemia.
Vuelve a ser.
***
Una estrellita se abalanza, juega, ríe.
Su luz se expande
Confía:
no hay agujeros invisibles
ni meteoros o estrellas fugaces
En su mundo:
solo ella en compañía.
****
Una estrellita se abalanza, juega, sueña.
Desaparece el sol: otra velada.
¡Se asoma!
La observo bien, resplandece.
No me abandona, no hay distancias, nada impide.
Duermo temprano.
Luego anochece.

 

 

 

Una noche subí una montaña

 

El camino era lento, difícil, fatigante. Muchas veces sentí mis piernas flaquear, en intentos por no resbalar me sostuve de algún arbusto. Las rocas… pequeños o grandes obstáculos, frecuentes tropiezos y distracciones que algunas veces  me impedían avanzar lo deseado. El clima no siempre a mi favor influía constantemente en mi interior con sus repentinos cambios hasta hacerme casi un extraño. Por el clima, no siempre favorable, pensé en desistir de seguir subiendo. Pero lo climático era solo una percepción que yo tenía ante las variaciones, fenómeno meteorológico que se manifestaba con lluvia y altas o bajas temperaturas, o mucho viento. Aquello era lo externo que no podía permanecer estático en mi yo interno por tanto tiempo. Así que pronto recuperé el ánimo para continuar en la vía.

En ese camino que era lento y fatigado, en medio de tanto silencio interior experimenté el significado de la vida. Descubrí que la vida misma era la montaña.

Entonces vi en ella la esencia del amor. Por eso comencé a procurar estar desprovisto de ropas que me ocultaran incluso de mí mismo. Era mucho el esfuerzo que debía hacer para desvestirme, la influencia del afuera aún ejercía cierto dominio... mea culpa. Es que avanzar la nada para alcanzar la Unidad —la cumbre— parecía ser el objetivo.

Más adelante entendí que el método era sencillo. La montaña era simple, era la fuente, y lo simple es la esencia del amor.

En el sueño subía una montaña. A medida que avanzaba la cúspide se perdía ante mi vista. La divisé imponente en el principio, pero al estar sobre ella ya no veía sino sosiego. Y ello no me hacía grande a mí sino a ella. Sin embargo, en ningún momento supe si llegué a la cima, tal vez, ni siquiera alcancé a escalar ni la cuarta parte. Pero, yo me encontré allí… enamorado de lo que me había impregnado. Entonces nunca más pude detener mi ascenso.