Nació en el estado Mérida, Venezuela, en 1949. Es Máster en Educación en la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA), poeta, escritora, pintora, escultora y declamadora. Como artista plástica ha realizado exposiciones individuales y colectivas de pintura a nivel regional y nacional; en Caracas, Portuguesa, Trujillo, Zulia, Táchira, Barinas, Puerto Ordaz, Porlamar y Mérida. A nivel internacional en Newport (USA) y Fukuoka (Japón). Su obra La Loca Luz Caraballo, considerada Patrimonio artístico, se encuentra en exposición permanente en la Casa de los Antiguos Gobernadores de Mérida (Av. 3 Independencia, pasos arriba de la Plaza Bolívar). En diversas oportunidades ha sido invitada como declamadora en el Teatro Junín Mérida, en la Hacienda El Pilar de Ejido, en la Facultad de Ciencias y en otras instituciones. De igual manera, ha sido homenajeada en restrospectivas como en la Casa de los Antiguos Gobernadores de Mérida (2009) y en el Museo de Arte Moderno de Mérida, Juan Astorga Anta (FUNDECEN): "La mujer Merideña en la historia" (2011).

Participó como poeta en la Librería Ifigenia (2010), en el Encuentro entre los autores de Literatura Infantil y los niños, en la Semana del Libro, el idioma y los derechos de autor, en Biblioteca Tulio Febres Cordero (2009), en Hojas sueltas de poemas, 5to Festival Mundial de Poesía (2008), en el Aniversario del grupo literario EL Cisne Dorado, Hacienda el Pilar, Ejido (2014), en la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, CIULAMIDE (2014). Invitada al Encuentro con la escritora Elena Molina en la Feria Internacional del Libro de Venezuela (FILVEN), Mérida (2007). Miembro del Jurado en el Tercer Festival de Lectura Colegio Metropolitano, San Cristóbal, Táchira (2012). Invitada especial en el Homenaje a Rafael Rivero Oramas, en la Sala Infantil de la Biblioteca Pública Central, Mérida (IBIME), 2012. Participó como Jurado en el XV Festival Infantil de Lectura Red de Bibliotecas Públicas del estado Táchira, Auditorio de la Biblioteca Pública Leonardo Ruíz Pineda (2014). Invitada como declamadora al Primer Encuentro de Poetas y Poetisas, julio, 2014, al Tercer Encuentro de Poetas y Poetisas  septiembre, 2014, al Cuarto Encuentro de Poetas y Poetisas, octubre, 2014. Encuentro Andino de Creadores de Literatura Infantil en el Instituto de Investigaciones Literarias Gonzalo Picón Febres, 1998.  Participante  de varios talleres de narrativa y poesía con la Escritora María Luisa Lázzaro, 2013-2014. (Patrocinados por Casa de Bello, Caracas).

Premios y menciones.

Se le otorgó el Premio Municipal de Literatura Infantil Mención Carmen Delia Bencomo, por su obra Conticontando (2006).

La AVAP otorgó a sus obras premios y menciones en las que destacan: Entre penumbras y La nostalgia del campesino, Mención de Honor y Mención Paleta (2004). Recibió por su obra pictórica La Carta, el tercer Lugar, de la Coordinación de Bibliotecas de Mérida, en Fundación Hacienda el Pilar, Ejido (1988). Fundación el Puente Muestra Colectiva de Arte Japón, Italia y Venezuela, en Porlamar, 2013. De igual manera fue seleccionada en Porlamar en febrero (2013) para participar a nivel Internacional en la muestra colectiva de arte: Tanto Internacional Art Festival 2013, en Omuta, Fukuoka, Japón, noviembre (2013). Como escultora participó en la Colectiva del Grupo SAGC, Sala de Arte, Gastronomía y Cine (2013). Fue seleccionada al Primer Salón del Paisaje, Museo de Bellas Artes, Caracas (2012). Participó en el Concurso "100 Ideas para Mérida", donde la suya: El traslado del busto de Don Tulio Febres Cordero se hizo acreedora del premio como Idea Distinguida (2008).

Tiene obras pictóricas expuestas en varias galerías: Agencia del Banco Caroní, en Mérida (cerca de la Plaza Bolívar); en Seguro los Andes, estado Táchira. Sus esculturas en las Bibliotecas: Antonio Ramón Molina y Carlos Delgado Dugarte, y en el parque Paseo Doña Oliva Angarita, en Chiguará.

PUBLICACIONES

Conticontando (Premio Concurso Municipal de Literatura Infantil, Carmen Delia Bencomo). Instituto Municipal de Cultura, Alcaldía Bolivariana del Libertador, Mérida, 2006. Ha sido publicada en: Revista País de papel nº 2, de la Asociación de Escritores de Mérida, 2013. Colección Antológicas: coautora en la compilacion del 9no Festival Mundial de Poesía, 2012. Coautora 7mo Festival Mundial de Poesía, 2010. Coautora en la compilación del 6to Festival Mundial de Poesía, 2009.  Coautora en la compilación del 5to Festival Mundial de Poesía, 2008. Invitada como poeta Librería Ifigenia en el 5to Festival de Mundial de Poesía, 2008. Coautora en la compilación de la 4ta edición del Festival Mundial de poesía, 2007. “Poesía y vida en Elena Molina”  Diario Frontera por el escritor José Gregorio González, 2007. “El pincel de Elena”, Diario Frontera por el Lic. Ramón Sosa Pérez, 2009.   

CONTACTO

elenamolina_ch@yahoo.com
elenamargaritamolina@gmail.com

BLOG

"Puro Arte. Elena Molina"

Espacio de Elena Molina en "VirtualGallery"

 

"Elena Molina rinde tributo a través de su arte a Mérida y sus costumbres"

 

Entrevista como Creadora Visual de Venezuela, IARTES (2012)

 

 

Homenaje a Rafael Rivero Oramas, en la Sala Infantil de la Biblioteca Pública Central, Mérida (IBIME), 2012.

 

 

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TARDES DE COMETAS

Contemplando
cometas
de intensos colores
verdes, rojos,
naranjas, y azules…
con sus largas colas
ondan retozando,
y entre  risas de fiesta,
se van alejando.

Con risueña ternura
muy emocionados
con el cordel dirigen
su estrella ambulante

Se pasan el tiempo
hasta que la brisa cesa,
recordando que es hora
de volver a casa
y un poco opuestas,
van descendiendo
una a una…
las lindas cometas

 

 

LA GATA DE MI ABUELA

Mi abuela
tenía una gata,
una gata tenía
mi abuela,
que dormía
y maullaba,
maullaba
y dormía.

Era una
gata pícara,
una pícara
gata era.
Cuando
mi abuela tejía…
el tejido
le destejía.

Mi abuela
le decía:
-¡ gata ¡… ¡ gata…¡
porque nombre
no le tenía,
no le tenía
nombre.

Cuando la
gata se aburría,
en una silla
se enrollaba,
se enrollaba
en una silla
y allí…
se dormía

Mi abuela
quería a la gata,
la gata quería
a la abuela,
la gata
ronroneaba,
mientras
mi abuela…
tejía

 

 

PRÉSTAME TUS OJOS

Préstame tus ojos
Para ver el agua
Correr por tu piel,
Para ver la noche
Y el amanecer.
Préstame tus ojos
Cada mañana,
Cuando emerges
De las tibias sábanas
Cómplices inseparables
Aromadas de tu piel.
Préstame tus ojos
Para ver tus pasos descalzos
cruzando senderos
y mi andar oculto
entre tus caminos.

Péstame tus ojos
cara ver tus besos
tatuados con miel,
para ver la cita
con el lucero aquel...

Por mis ojos de noches sin luna
de silencios, de penumbras
¡préstame tus ojos¡
para ver el agua
correr por tu piel.



SARITA

Sarita es incapaz de quedarse en su casa. A Sarita suele vérsele por las tardes en la plaza Bolívar o en las paradas de autobús más populosas. Allí se queda inmóvil.

Ella es testigo del acontecer diario. Es su costumbre. Luce despreocupada, llena de gracia. Sarita es una señora un poco especial, algo así como una mujer pintoresca. De baja estatura y regordeta. Más parece a las muñecas rusas. Su cabeza es pequeña, rodeada de cabello castaño canoso, y su rostro tiene cierto aire suave, de paz.  

Su cuerpo es como una taza de café invertida, puesta boca abajo y se va ensanchando a medida que desciende, hasta llegar a la parte media donde logra su máxima expresión. A decir verdad, en esa parte media del cuerpo no existe cintura, hace tiempo que desapareció. Luego se va angostando, angostando. Y es como raro que termine en unos pequeños pies que sostienen aquel gran volumen…

Los brazos de Sarita siempre están entre abiertos como ramas apoyadas por las masas grasas, pareciera que los abre como para que descansen a cada lado del cuerpo. Y terminan en dedos suaves de largas uñas, fuego pasión.

Sarita, es coqueta. A sus 68 años se cree que es una chica. Mantiene con el correr de los tiempos los labios pequeños pero carnosos. Su rostro, siempre dibuja una sonrisa. Una sonrisa apacible, rojo carmesí. Las mejillas flácidas teñidas de rubor, sus párpados los lleva pintados de azul. Tal vez por la poca visión hace tiempo las cejas, al igual que su cuerpo, perdieron la línea. Los ojos de color ámbar.

Se le percibe muy segura, glamorosa, ante el público, orgullosa de su maquillaje, convencida de los efectos embellecedores, o perfeccionadores de su insólito “atractivo físico”. Para ello, pasa un largo rato en su casa ante el espejo. Es como una terapia que la antecede para echarse a la calle.

Su cuello es muy corto, desde allí descienden dos poderosas razones como de treinta centímetros de largo. Dos enormes tetas que se chorrean cuesta bajo. Cada una mirando para donde se le da la gana con tal de no verse la una a la otra, es decir, tienen una marcada enemistad. Hoy son colgajos, que ya no sirven de mucho. La tela de los sostenes hace tiempo venció la famosa ley de la gravedad; son como la manga que en el aeropuerto señala el rumbo del viento. La blusa de chiffon estampado, intenta disimular el ecuador de la señora, a la que el espejo la afirma coqueta. Lleva unos pantalones anchicortos a los que le doblaron un gran centimetraje para cogerle el dobladillo en unas tres largas puntadas. El color del hilo, eso no importa. Total pareciera que nadie lo nota. Y así va llegando hasta echar a andar sus pies en las calles.

Todos los días pasa las tardes junto a un animado grupo de contertulios. Sarita se siente buena moza. Todos la ven de arriba a abajo. Todos la ignoran.

Antes de que el sol se ponga detrás de las altas montañas, Sarita va de regreso, baja paso a paso la escalera que la lleva hasta lo que es su casa. Y va contando, cincuenta y cinco, cincuenta y seis, cincuenta y siete gradas.

En el vecindario se escucha una emisora de radio con el son pegajoso de una melodía que la incita al agitado baile con movimientos sensuales. Es una Lambada. Llorando se fue quien un día solo me hizo llorar. Llorando estará, al acordarse de un amor que un día no supo cuidar. Se deja encantar, se transporta, su cuerpo termina el recorrido hasta la puerta de su casa ondulando frenéticamente sus manos y sus pies.
Sarita vive sola. Sobre la pequeña mesa del comedor hay platos, un salero, velas, cajas de medicinas y una botella con flores de papel crepé. También hay un televisor bastante antiguo que pareciera no funcionar a perfección.

Cada noche Sarita tiene el ritual de las novelas, especialmente aquellas con escenas parecidas a lo que fue su vida. La remueven al recuerdo a veces trágico y tormentoso, otras le animan el tinte romántico, amoroso; desamores que se reencuentran. Cada hombre que pasó por su vida le marcó una historia. Y ella con atino o sin él, los fue desechando mediante medidas drásticas. Algunos, la dejaron sola, otros con la barriga llena. No de alimento y satisfacciones, sino de muchachos. 

Desde la vieja poltrona vive la vida de los protagonistas… Dos cuerpos que se juntan y se estrechan y no hacen lo que Sarita ansía y les insinúa en voz alta inmiscuyéndose entre las voces de la pantalla como si dialogaran con ella. “Me encantas mi amor” –dice el galán un poco goloso. Y ella sin soltarse de aquellas manos que la aprisionan. “Incluso estaba pensando queee  después… tú…”.  Sarita sonríe sardónica y le dice (a la pantalla): Ella  cree que contigo encontró al hombre de su vida.

Sarita da una ojeada al pequeño recinto que es su sala comedor. Muy cerca de la puerta cuelga desde el techo un lánguido y triste bombillo de luz amarilla, con pequeños puntos que han ido dejando las moscas. Al igual que una cortina de pliegues caprichosos, y grandes flores teñidas de azul, que enseña una gran mancha grasa de tanto tocarla siempre en el mismo lugar. Encima, adosada a la pared pende de un clavo y un trozo de pabilo una Cruz de palma bendita, encorvada por el tiempo.

Sarita sacude con sus manos los pensamientos y las boronas de pan, que han ido cayendo en los muslos y la entrepierna. Observa como al descuido uno que otro anillo barato entre sus dedos como si en ellos recordara alguna historia borrada. Pero no fue sino la sonoridad de la pulsera con pendientes de hojalata que sacudió en ella una extraña alarma como si unas campanas de iglesia le anunciaran algo que tenía que saber. Se levantó, apagó la tele, se fue a su habitación, la única, vio su cama como si fuera la última vez que la vería. Se miró en el espejo y comenzó a desvestirse poco a poco. Con un paño húmedo se quitó lo que las lágrimas habían dejado del maquillaje. Se quedó mirándose un largo rato desnuda, sin pintura, sin pulseras ni anillos. Y se fue quedando dormida.