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Nació en Mérida (Venezuela, 1977). Es Farmacéutica (Mención Farmacia Hospitalaria) graduada en la Universidad de Los Andes en el 2001. Desde muy niña llevó un Diario de todo lo que iba viviendo y leyendo. A los 7 años escribió El gato y la begonia ya ni asustan ni asombran, cuento que hiciera en la Escuela como actividad para un concurso convocando por el Consejo de Publicaciones de la ULA en 1984, siendo seleccionado entre los diez premiados. Fue publicado 15 años después por la Asociación de Escritores de Mérida. Ha trabajado en la Maternidad La Floresta: “TJI Farmacia” (Maracay); en Hominis CA de Pharmacía. CorpMaracay, como Promotora de productos Farmacéuticos; Farmatarget: Taller de entrenamiento en Caracas 2001. En Pharmacía obtuvo un Certificado de entrenamiento y desarrollo, en Caracas. Actualmente trabaja como Visitador Médico en Phizer (Maracay, estado Aragua).


OBRA LITERARIA: El Gato y la Begonia ya ni asustan ni asombran (Mérida: Fondo Editorial “Ramón Palomares”/Asociación de Escritores de Mérida/ Consejo Nacional de la Cultura (CONAC)/ Editorial “La Escarcha Azul”, 1999). Tiene inédito el cuento Un batiscafo, una oruga o simplemente un tren de pilas, escrito en 1997. Ha sido reseñada y publicada en el Diario Frontera por Enrique Plata Ramírez: “Estos Muchachos, aquellos coroneles” (Mérida, viernes 11 de octubre de 1991) y, por Inés de Cuevas en la página literaria Con los niños: “El Gato y la Begonia ya ni asustan ni asombran (Mérida lunes 27 de septiembre de 1999).



 
 

 

 

 
 

 

El gato y la Begonia ya ni asustan ni asombran

 


El gato Fifí le tenía rabia a la mata de begonia, la quería arañar. Se la quedaba mirando y mirando como si quisiera almorzar.

La señora de la casa siempre le decía:

—¡Deja la mata tranquila, Fifí!

Un día la niña de la casa dijo: Voy a quedarme despierta para ver por qué Fifí le tiene rabia a la begonia y por qué maúlla asustado por las noches.

Al rato oyó al gato maullar. Se levantó y prendió la luz, pero... no vio mucho.

Fifí volvió a maullar más fuerte, como si le pegaran con una rama de árbol.

La niña se asomó en punta de pie. Vio que la mata se había salido del matero y perseguía a Fifí. Y lo mareaba y mareaba.

La niña habló con la begonia y le dijo:

—¿Por qué en vez de perseguir a Fifí no juegas con él? ¿No ves que se asusta?

Desde ese día Fifí y la begonia juegan de día y duermen de noche. Bailan con zapatillas de raso, se tiran almohadas... y van al parque empujándose por la espalda.

Y ya nadie se asusta porque no es de noche.