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Nació en Mérida en 1959. Cursó estudios de Medicina (Médico Cirujano 1983) y Psiquiatría en la Universidad de los Andes (1988), y se especializó en Psiquiatría Infanto-Juvenil en la Universidad Central de Venezuela (1991). Obtuvo el título de Doctora en Ciencias Medicas en la Universidad del Zulia (2001). Actualmente es Profesora de la Universidad de los Andes y Médico Psiquiatra en la Unidad Docente Asistencial de Psiquiatría del Hospital Universitario de los Andes, Sección de Salud mental del niño, el adolescente y la familia. En su formación ha predominado el conocimiento integral de las corrientes psicológicas, humanísticas y la labor de prevención de problemas que afectan a los niños, tanto en el medio escolar como el familiar. Trabajó en la Unidad de Capacitación y Asesoría Zonal de Educación Especial del estado Mérida y realizó talleres de Literatura infantil.

OBRA LITERARIA:
Tiene inéditos dos libros para jóvenes lectores: Cuestión de Pecas, y El caballo de Reyes Zumeta. El primero, fue publicado en la Revista El Solar de los niños (Mérida, Ediciones Solar, Año I No. 1, 1997).



 
 

 

 

 
 

 

Cuestión de pecas

(fragmento)


¿...?

—¡Heme aquí sin saber qué hacer!

Tengo que andar y ya no me provoca.

—¿...?

—¿Que quién soy, y ¿qué voy a hacer?

—Pues, ¿que no me ves?

Soy pequeño como mis pecas, mi cuerpo es como un acordeón, y mi color a veces tan indiscreto, como los lirios en el jardín.

—¡Aaaaaaaah!, pero el problema es... lo que voy a hacer. En el mundo se tiene que saber lo que se quiere hacer, y todo depende del mundo, claro está. Mundo puede ser mi casa...¿quieres conocerla?

Mírala, está hecha de tierra, no hubo que escarbar muy adentro, puesto que la tierra siempre está donde se quiere, y ella siempre quiere ser nido y abrigo a la vez; ¡que fortuna es tenerla por doquier!

—De tierra está hecho mi piso, mis paredes y mi techo, y dos grandes ventanas tiene mi casa, una al frente y otra atrás, para que el sol pueda entrar y salir cada vez que a él le apetezca.

Pero sabiendo que él es naturaleza, quise que pusieran otras dos ventanas tan grandes como las dos primeras, así él entra cuando y como quiere.

Mi casa la mandé a pintar con los colores del arco iris, pero me dijeron que el arco iris es de esas cosas maravillosas que no se fijan ni envejecen. Al contrario siempre viaja y es eterno, y aún estará aquí cuando nosotros nos hayamos ido.

Así que tuve que conformarme con pintarla con los colores que daban cientos de flores, muy juntas unas de otras a las paredes de mi casa, —que por cierto construyo— un corazón lleno de fe y esperanzas.

—Entonces, como podrás ver, el mundo que me reta no es mi casa. Fíjate, ¿ves esta inmensa bola más grande que yo?, ella despide todos los colores para verse tan intensa y tan profunda. Alguien le dejo caer

dos ondas de amarillo y rojo, para que abrazaran su cuerpo, negro, brillante y redondo.
¡Es un Astro!, un astro que resbaló del universo, vino a decirnos que además de tierra y cielo, sol y luna, mar y estrellas, existe un universo infinito, y si ese fuera mi mundo me sobrecogería y no podría seguir viviendo.

—Como ves, se es chiquito o grande, siempre que uno se compara.

Yo soy chiquito comparado con el astro, es decir, tu metra.

Y soy grande comparado con mis pecas.

—¿...?

—¿Que no las ves?

Si me metiera en la luz no podrías distinguirme, y si me metiera entre los granos que cocina tu mamá, enseguida me verían y me aplastarían por mi osadía. YO NO QUIERO SER EL CARACOL, extraordinariamente pecoso, que acaba, tantos días recorridos, bajo el peso de alguno de los tuyos.

¡YO QUIERO SER GRANDE!...

-¿...?, ¿...?

-¿Cómo dices? ¿Que comparado con qué...?

¡Ay mi Dios, Cristo de mi vida, pues no sé!

Yo quiero ser luz que se apague solita, después que brille bastante.

Yo quiero ver muchos mundos, y conocer muchas miradas.

Yo quiero entrar por muchas ventanas del alma y abrazarme en comunión contigo, conmigo, con todos y con todo.

Yo quiero ser grande conmigo mismo, quiero seguir creciendo de vida, y finalmente lo que quiero y voy a hacer es...

Salir corriendo de aquí...

Nos veremos ya viejitos

y apagándonos solitos.