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Nació en Caracas, Venezuela, 1950, residenciada en Mérida (Venezuela) desde 1967. Licenciada en Bionálisis y Letras, Magíster  en Literatura Iberoamericana. Catedrática Titular Jubilada (Escuela de Letras, ULA). Autora letra y música de varios poemas musicalizados. Premio de Poesía Alfonsina Storni (Buenos Aires, Argentina, 1978.  Mención Concurso de cuentos  El Nacional (1981). Premio El cuento feminista latinoamericano (Chile, 1988). Finalista Concurso de novela Planeta Latinoamericana “Miguel Otero Silva” (por Tantos Juanes o la venganza de la Sota) 1990. Premio Canción inédita (Atrincherada) Festival Nacional de la Voz Universitaria (Valencia, 2000). Premio Poesía  y de Narrativa de Seccional Profesores Jubilados de APULA 2003 y 2005.  1er Premio de Narrativa de la Asociación de Profesores  de la ULA 2005.

OBRA PUBLICADA: Poemas de agua (1978), Fuego de tierra (1981), Árbol fuerte que silba y arrasa (1988), Nanas a mi hombre para que no se duerma (2004), Escarcha o centella, bebe conmigo (2004). Novelas: Habitantes de tiempo subterráneo (Pomaire, 1990) y Tantos Juanes o la venganza de la Sota (Planeta, 1993). Ensayos: Viaje inverso: sacralización de la sal (1985) y La inquietud de la memoria en el caos familiar (1995); Para niños y jóvenes: Mamá cuéntame un cuento que no tenga lobo (1984), Marigüendi y la jaula dorada (1983), El niño, el pichón y el ciruelo (1990); Parece cuento de Navidad, Darlinda (1994); Para qué sirven los versos (1995), Una mazorca soñadora (1995), Un pajarito, una pajarita y la casualidad (1995), La almohada muñeca (1996). Libro bifronte: El loro de la infancia y otros relatos / Mamá cuéntame un cuento que no tenga lobo (Conac/ Fundalea, 2006). En imprenta: el poemario Resurrección del Ángel (Ed El perro y la rana, Ministerio de Cultura, Caracas, 2006), y el libro de relatos: ¿Cómo contarlo? (Primer Premio de narrativa de APULA, Mérida, 2005).



 
 

 

 

 
 

 

Una Mazorca soñadora

 

Una mazorca soñadora quiso cambiar su destino inevitable.

Ser  arepa, chicha, cachapa, o bollos tiernos, no quería.

Mientras maduraba, fue hablando con sus hijos, granitos refulgentes de energía y vida.

Todos los días los despertaba abriendo su camisón de madre:

Saluden al señor sol —les decía.

Saluden a la señora luna (por las noches acunados).

¡Miren qué claridad, qué cielo!

¡Miren las estrellas, qué lejos y qué cerca brillan!

Cierren los ojos, sientan la música del universo, los grillos, los pájaros: incansables viajeros del espacio.

De todos los granitos, unos cuantos cerraban de último sus  ojos, respirando poesía y canción.

Por las mañanas, antes que el sol, mucho antes, estiraban sus brazos para estirar la piel. 

Mazorca madre, entendiendo el alma de sus granitos más amarillos, fue aflojando la carne prisionera de sus niños.

Una tarde, durante la cosecha, Mazorca madre fue trasladada al gran mesón de la cocina. Los granitos dormidos fueron preparados para hacer exquisitas comidas.

Los que siempre soñaban, no pegaron un ojo mientras se aflojaban. Saltaron tan pronto comprendieron el destino.

Y corriendo, corriendo, llegaron a las estrellas, se montaron en el sol, se metieron en la luna, y comenzaron a crecer germinando maná, música celestial, alimento de ángeles; llegando hasta la galaxia más vital del universo: Tal vez el amor, las artes, la sensibilidad estética, la paz.