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Nació en Tacuarembó (Uruguay) el 9 de julio de 1943. Hija de Washington Puentes Chiesa y Tynda Palermo, es médica egresada de la Universidad de la República Oriental del Uruguay y escritora que se ha dedicado con especial énfasis a la literatura para niños y a la escrita por mujeres.

Publicó más de 60 títulos en diversas áreas: creativa (poesía y cuento) e investigación (ensayos, algunos pioneros en el género con documentación sobre nuestra realidad desde la colonia a la vida contemporánea).



 
 

 

 

 
 

 

El Sol Quebrado

(fragmento)

 

Podrían imaginarse lo que sería la Tierra sin l Sol? Tal vez una enorm puerta que sólo llevaría hasta el temor o el hambre o la monotonía. Pero aconteció hace muchos, muchisimos años que un día el sol no aparecio por el este, ni por el oeste, ni por l norte, ni por el sur. El mundo era como una gran plaza sin árboles, un recreo sin niños o una heladeria sin sonrisas. Sin embargo ese era el aspecto de la Tierra. Los hombres parecían hormiguitas negras, y nadie podia diferenciar el color de los ojos ni del cabello!. Ni siquiera podían leerse los carteles de la carreteras y a las maestras les resultaba muy dificil hacer que sus alumnos entendieran lo que escribían en el pizarrón.

Algunos científicos investigaban la causa del fenómeno y elaboraban teorías al respecto. Los astrónomos miraban el cielo una y otra vez, pero no lograban descubrir el motivo de aquel acontecimiento. Unos decían que era el fin del mundo, otros que el anuncio de nuevas calamidades, pero nadie poseía la verdad.

En medio de aquel alboroto no se prestó atención a la reunión que celebraron las abejas quienes resolvieron enviar una comisión que averiguara el hecho. Así fue como pudieron enterarse que la última tardeen qu el sol había asomado sobre la Tierra no había regresado a su casa a la hora acostumbrada, ni tampoco despúes. Decidieron ir a hablar con don Búho, que siempre está enterado de todos los chimentos. Les contó que esa tarde, a la hora en que el sol se va a acostar en este hemisferio, había oido un estruendo muy grande que parecia provenir del cerro que estaba detrás de la ciudad más cercana.

Hacia allá marcharon las abjas y ¡cuál no sería su sorpresa!. En el fondo del valle, detrás del cerro, había un sin fin de pequeños trocitos de sol. Uno a uno los fueron uniendo y a medida que lo hacían la Tierra se iba iluminando. Las abejitas estaban tan contntas ¡como si estuvieran frente a un enorme tarro de miel!. Todos los habitantes de la Tierra comenzaron a marchar hacia el lugar donde se había encendido aquella pequeña luz que cada vez tenía más fuerza. Y el sol, como un caramelo, fue cobrando brillo y forma, pronto pudo sostenerse sin ayuda y comenzó a erguirse sobre las abejas. Sobre las plantas, sobre el cerro. Como un globo fue ascendiendo en el cielo hasta que todos pudieron verlo.

Y la tierra volvío a ser como un manojo de flores multicolores, un rico helado de crema y chocolate, un camino de esperanza, un patio con rondas, una plaza con árboles y una máquina de hacer milagros. ¡Había retomado su sabor a niño, pájaro y flor!