Enza Pierina Paraguaima




Nació en el Municipio Petare, estado Miranda, Venezuela, el 05 de mayo de 1989. Actualmente tiene 18 años. Vivió la mayor parte de su infancia en Tucupita, estado Delta Amacuro (donde cursó estudios básicos hasta el cuarto año). Desde 2005 vive en Maturín, estado Monagas. Lugar en el cual culminó sus estudios como Bachiller en Ciencias e ingresó a la Universidad de Oriente (UDO), Núcleo Monagas, en la especialidad de Gerencia de Recursos humanos. Desde niña fue amante de la cultura incursionando en la música instrumental, el teatro y la pintura. Escribió y montó obras en las escuelas y en festivales. Ganó el Segundo Lugar en el VI Concurso navideño en la modalidad de Cuentos, en el año de 1999 con el cuento La magia de la Navidad. Obtuvo un reconocimiento por su participación en el XVI Encuentro Estatal de Teatro Escolar, realizado en Tucupita el 28 de junio de 2003. Con el monólogo Nació mi niña, y la obra escrita y puesta en escena por ella misma Mi mejor amiga, participó en el Primer Encuentro de Nacimiento viviente escolar, en el año 2000. Desde entonces escribe poesía y lee obras literarias, de las que recuerda por su profundidad e importancia: María, de jorge Isaac, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, Atrapado sin salida, de Ken kesey Muerte en la escuela, de Giorgio Scerbanenco, Habitantes de tiempo subterráneo y Poemas de agua, fuego y árbol, de María L. Lázzaro, Pájaro del corazón, de Antonio Castro, entre otros.

Contacto: pierinapps@hotmail.com


CUATRO PAREDES A MI ALREDEDOR


Negro y azul evoca infierno y cielo. Amarillo con añil recuerda el agua jugando con el fuego. La otra es verde con rosado, pasto y rosas. La última completamente roja,
una abertura en el medio resuena en el corazón
casi muerto, casi vivo.

 

VESTIRE CON TULIPÁN

Recuerdo una tarde,
ocultándose el sol,
formando un inigualable ocaso, tu mirada casi marchita planeando
como aves sostenida en la nada, pretendiendo cruzar más allá del infinito
sin rumbo determinado.
Intente penetrar tus pupilas,
revisar silenciosa algún rasgo del crepúsculo.
Sollocé ante el vacío,
solar inmenso en desesperanza.
Te pedí en soliloquio mudo, casi pasmada en lágrimas,
déjame vestir tú mirada con tulipanes
coloridos en aromas eficaces
para los sentidos
aturdidos de amenazas de ocasos.
Huiste etéreo, sombras de umbrales, de silencios y misterio.
Insoportable desierto,
Moribunda tu mirada en la mía.

 

ME AVENTURÉ EN MÍ FUERTE AMADA


Me aventure en mí,
busqué lagunas oscuras de alma,
tropecé con piedras, tal vez pequeñas.
En los ojos acuosos y en la oscuridad
sentí que podían ser más grandes.
No hallé cómo superarlas,
me detuve a pensar.
Los impulsos nerviosos jugaban a destrozar.
Conseguí formas fáciles,
dar la vuelta,
retroceder lo recorrido,
caminar hacia atrás
hasta quedar encerrada
entre dos grandes piedras muros.
Las abarqué
estancada entre sollozos,
quise enmendar;
me hundí,
laguna que yo misma formé
nadando dolor.
Me olvidé en mi propia alma,
qué indagaba no supe;
se estancaron los recursos.
Torné sal, el mar me solidificó.
Incapaz de ascender líquida y liviana
la vida me cristalizó,
soy parte del subsuelo
una más del montón.
Vencida en mi propia excavación acuosa,
por momentos reseca.
El suelo rugoso y tieso que me sostenía tiembla,
corro,
salta el coraje del dolor.
Es la energía que necesitaba
las fuerzas del propio amor.
Miro ahora cada obstáculo
parte del pensar
Analizo las piedras,
asciendo manantial luminoso que habla,
sacude, exhorta:
“Sigue, sigue creciendo fuerte, amada por ti…”

 

ME SENTARÍA A MIRAR MI CREPÚSCULO ROTO


Pero la sinfonía de mi alma ya no toca su melodía En sol mayor se oculta la grandeza del dolor y el incesante ritmo del alma me despoja del temor sumiso. Sollozaría noche a noche las despedidas, pero la grandeza permite vivir armónica,
y el cantaclaro reverdece prontamente en los espacios de señora y reina del alma misma. Y aunque existe el cielo para admirar la noche resguarda los tesoros de la soledad. No se ocupa la tarde en llantos. La noche alberga colores,
no rabias perfumadas en garras. La valentía es la fuerza inmortal de la paz.

 

PEDIRÍA MORIR SOLO UNA VEZ


No consumir la llama
que atraviesa la vivacidad de la piel.
Aunque el dolor haga estragos preferiría manto renovado,
no sábanas de seda cubriendo mi cama fría.
Tal vez un poco de agua bendita me salpicara, no lágrimas saladas desvistiendo auroras en desgracia.

 

POR UN MOMENTO


Por un momento sentí cercana la luna, una piedra en la mano...
Apremia el dolor.
Tiro largo y certero, centro y universo del corazón. Que penetre en ti el dolor que me agobia
la luz de la mirada.
Que mi cuerpo sea escudo para el olvido.

 

UBÍCAME EN TUS ESPACIOS


Cuéntame de la vida feliz, lléname de calor el cuerpo agradecido.
No me ocultes en tus noches
como si fuera sombra la vida.
Trasládame en tu mirada,
estrella y lumbre.
Cuéntame historias largas, elabora sueños de la nada.

 

ENCIERRO EN EL OLVIDO


Constante el zumbido,
pálpito intempestuoso,
se removieron
las angustias inigualables del miedo.
Me detuve, suspiré sin querer respirar, angustiosa vagancia de sollozar,
cárceles inventadas del padecer sin solución.
Despilfarros de agonía,
la propia imagen en el suelo de la nada.